Hidrófilo
10. marzo 2025Higroscópico
10. marzo 2025Hidrófobo
El término « hidrófobo » proviene de las raíces griegas « hydor » (agua) y « phobos » (miedo) y describe sustancias o superficies que repelen el agua o no se mezclan con ella. Según la definición de la IUPAC, la hidrofobia describe la tendencia de las moléculas no polares a agruparse entre sí en medios acuosos, ya que el disolvente agua las excluye de la solución. Las sustancias hidrófobas tienen muy poca afinidad por las moléculas polares; por ello se consideran repelentes al agua. Ejemplos son los fluoropolímeros como el politetrafluoroetileno (PTFE) o las capas de cera.
La propiedad de una superficie de repeler el agua puede cuantificarse mediante el ángulo de contacto: si el ángulo estático de una gota de agua es superior a 90°, la superficie se considera hidrófoba; por encima de 150° se habla de superhidrófoba. En una superficie superhidrófoba, las gotas se deslizan prácticamente en forma esférica, lo que reduce la adhesión de la suciedad. Este fenómeno se aprovecha en el efecto loto, donde estructuras micro y nanoscópicas combinadas con superficies cerosas crean una función autolimpiante.
En filtración se emplean membranas hidrófobas para separar gases de líquidos o retener gotas acuosas. Por el contrario, los medios hidrófilos permiten que las soluciones acuosas penetren mientras retienen los componentes hidrófobos. La hidrofobicidad puede ajustarse mediante modificaciones químicas, recubrimientos por plasma o sol-gel. Para GKD, la elección entre tejidos hidrófobos e hidrófilos es decisiva para lograr el comportamiento de humectación deseado en los procesos de filtración. Los tejidos hidrófobos pueden utilizarse, por ejemplo, en separadores de aceite, mientras que los tejidos hidrófilos son adecuados para la filtración de agua.